Atacar la libertad de prensa no es progresista

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A más de uno se le está desconchando el barniz progresista y le asoma una naturaleza más propia de regímenes totalitarios que de democracias del siglo XXI. Y pensándolo con frialdad, que se les caiga la careta es una suerte para nosotros, que ya sabemos a lo que nos enfrentamos. Lo malo es que cuando se confirman nuestras sospechas los falsos defensores de las libertades ya están en el Gobierno. Acusar a los periodistas de conspiradores porque no te gusta cómo hacen su trabajo es atentar contra la libertad de prensa y poner una diana sobre un periodista con nombre y apellidos es de cacique peligroso. Usar además imágenes manipuladas es rastrero y denunciable. Y queda muy lejos de lo que quizá ahora intenten disfrazar del derecho a opinar. Señalar desde el Ejecutivo es otra cosa. Una muy fea que no puede llevar a nada bueno. Son muchos los que se han manifestado en contra y muchos más los que lo piensan. La jugada de hacerse la víctima con ansia justiciera le ha salido mal a Podemos. FOTO: Pablo echenique | aec

Atacar la libertad de prensa no es progresista