Un alcalde que no quiere que le voten

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HAY alcaldes tan raros que renuncian al coche oficial y a la primera de cambio se suben a uno; hay alcaldes tan raros que el día que tienen que preparar un pleno decisivo para su concello se va a Madrid de espectadores a un pleno del Congreso; hay alcaldes tan raros que su mayor ilusión es tener las aceras destrozadas y las calles plagadas de baches. Eso ocurre en Galicia, porque en Valencia las rarezas son de otro tipo. Allí un alcalde, Joan Ribó, de Compomís, que venche sendo Podemos entre flores, luz y amor, que asegura que la fallas son grotescas y que lo que mola son las hogueras de Alicante. Va a tener difícil recuncar. FOTO: ribó saluda para hacer amigos | aec

Un alcalde que no quiere que le voten