Se agita el charco

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¿Recuerdan a Esperanza Aguirre hablando de “sus ranas” en un charco que en principio tenía que vigilar?

Pues ahora la vigilada es la señora Aguirre por hacer trapas a Hacienda y a sus familiares con un cuadro que vale millones pero que escondió a la hora de hacer su declaración de la renta. Por eso y, de nuevo, por el dinero negro –sucio– empleado en sus campañas electorales.


Pero volvamos al charco: García Castaño, llamado el gordo, uno de los jefes de la policía corrupta que vigiló a Bárcenas y su familia con seguimientos ilegales cantó por todo lo alto. Las órdenes llegaban “de arriba” –el ministro y el número dos del ministerio en tiempos de Rajoy ya están delante de la justicia – y citó a Cospedal como intermediaria y añadió que no era posible que el presidente del gobierno no tuviera conocimiento de la operación kitchen pues –y esto lo digo yo– todos comían del mismo plato. Así pues encausada toda la plana mayor de un ministerio que es vital en cualquier democracia.


Pero aquí no para el asunto: el PP, remando entre tanta charca, intenta negar la fidelidad de los llamados papeles de Bárcenas contra las demoledoras prueban que presentan los técnicos de Hacienda en relación con las obras de Génova que para la fiscalía es una defraudación, procedente de la caja B del partido.


Lo que pasa es que estamos con nuevos capítulos de misma historia. Y hay nuevo capítulo estos días con Fabra expresidente de la diputación de Castellón que era, en los tiempos que se juzgan, presidente del PP. El juez le acusa de ocultar su patrimonio para no pagar una multa de Hacienda.


Y en un charco mayor –para yates– encuentra Hacienda al emérito (de mayúscula, nada) con más cuentas en paraísos fiscales gracias a las “ayudas” de empresarios corruptos. Y en el Madrid de Ayuso tres tramas de corrupción siguen “vivas” en los juzgados.


Y no es de extrañar pues que para muchos estos asuntos están relacionados con el bloqueo del PP a la renovación del Poder Judicial.


¿Mal pensados? o, tal vez, gentes que han sumado unas cosas con otras –y no se trata aquí de la técnica de la señora Botella con sus peras y manzanas, sino de dólares y euros. De dinero y trampas. De dinero negro. De caja B. De la historia de este doliente de país. 

Se agita el charco