Marcos mentales

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Parece haber coincidencia en que la onda expansiva del “reality” de Gran Via 32, sede de la cadena Ser, ha creado incertidumbre y confusión en las quinielas sobre el desenlace electoral en la Comunidad de Madrid. No lo creo, más allá de que se autojaleen los fanatizados seguidores de Iglesias Turrión y los de Rocío Monasterio, coprotagonistas del culebrón político de la temporada por cuenta de un anticomunismo y un antifascismo de perfiles indeterminados a estas alturas de la película.


Dicen los dirigentes de Vox que pasan de rebatir los marcos mentales que les imponen incluso desde los medios de comunicación. Hacen bien en no secundar a quienes les tachan de fascistas mientras se ofrecen a frenarles como si, ochenta y tantos años después, fuesen hordas de “nacionales” acercándose al Puente de los Franceses. Qué tontería. Pero también tienen razón en Podemos cuando se toman a título de inventario las advertencias de Vox sobre una conspiración en marcha para implantar en España una república de inspiración bolivariana. Otra tontería.


Esos dos partidos encabezan el intercambio de ladridos que ha terminado cancelando las convocatorias de los debates previstos en campaña. Una desconsideración con los votantes madrileños, que tienen derecho a probar el género antes de comprarlo. Y aquí ha sido incontenible la sospecha de que, una vez vencida la pereza del votante de izquierdas, no conviene volver a alfombrar su camino hacia las urnas del 4 de mayo.


Es una hipótesis, como otras muchas que circulan después de que la trifulca Monasterio-Iglesias patease el tablero demoscópico que se despachaba en ese momento. Insisto en que personalmente no me creo que se vayan a producir modificaciones sustanciales respecto a lo que venían anunciando los sondeos electorales. En todo caso, se afianzará la posición de Ayuso (PP), encantada de haber quedado al margen de la bronca, mientras que por la izquierda Mónica García resultará más favorecida que Gabilondo en la movilización del voto perezoso en ese bloque. En el rechazo al partido ultraderechista fue la candidata de Mas Madrid, y no el candidato de Podemos, la que acertó a conectar con el sentir de los votantes que rechazan la crispación: “que el odio no llegue a las pizarras de nuestros hijos”.


La otra moraleja que no me privaré de comentar es el ruinoso cambio de guión en la campaña del candidato socialista. Tras el lamentable espectáculo de la polarización escenificada por Monasterio e Iglesias, que hubieran otorgado a Gabilondo el beneficio de la centralidad, el profesor ya se habrá percatado de que habría sido mucho más rentable haberse quedado en el “con este Iglesias, no”.


Pero en Moncloa le empujaron hacia Podemos y al final hemos visto como en el alistamiento a la causa de Iglesias se desdibujada su figura de hombre racional y templado. Una pena.

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