¿se reconocen, compañeros?

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Primero una referencia para los que viven –jóvenes, políticos, tramposos, arribistas, especuladores- como si el virus no existiese, pero con sus conductas ponen en peligro la salud de los demás. Merecen un reproche y un castigo similar a los que venden o distribuyen droga, tipificado como un delito contra la salud.


Un informe del BBVA asegura que los españoles somos tolerantes, familiares,, poco religiosos y que, en general, estamos bastantes satisfechos con nuestras vidas.


Seguramente los autores de este trabajo no se han detenido en algunos aspectos que, precisamente, no son para tirar cohetes: el paro juvenil aumenta al 38% y casi un cuarenta por ciento es temporal y son las mujeres más castigadas tanto en la temporalidad como en el salario.


La externalización de algunas empresas –que se aprovechan del bajo coste laboral en China e India, de donde nos llega alrededor del ochenta por ciento de los productos que consumimos– explican el número de conciudadanos en paro.


La llamada ingeniería financiera supone, junto con otras “bagatelas” que mantienen grandes firmas, alrededor de ocho mil millones de euros menos para las arcas públicas.


Leemos, a la vez que cruzamos los dedos, que los líderes de las grandes empresas tienen fe en la economía y apuestan por el consumo interno como principal motor de crecimiento incrementando las administraciones el gasto en servicios e infraestructuras. Todos los economistas apuestan por elevar los impuestos a los que más tienen – el presidente de EEU, Joe Biden anunció que en su país se subirán las contribuciones al Estado durante los próximos quince años.


Recordemos además que hay una tarea de creciente importancia como es la lucha contra el cambio climático. Y tampoco podemos olvidar –al revés hay que estar muy atentos– a las anunciadas ayudas prometidas desde Europa, para regenerar aspectos tan importantes como la sanidad, las comunicaciones y las ayuda a los que menos tienen.


Los servicios públicos de la administración española, entre otros poderes como el judicial, necesitan resolver los problemas que tienen cabreados a los españoles. Hay juicios que esperan trece años. La atención médica sigue con sus largas listas de espera y es ya más que un “chiste” el vuelva usted mañana.


Los retrasos y numerosos fallos en la gestión de la famosa ayuda del salario mínimo vital impidieron a más de medio millón de ciudadanos a conseguir esa ayuda. Seguro que muchos de ustedes se reconocen como victimas.

¿se reconocen, compañeros?