Adiós Iglesias

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Nunca el refranero estuvo tan ceñido al caso que nos ocupa: “Tanta paz lleves como descanso dejas”. De hecho ha sido profusamente utilizado en el adiós a Iglesias Turrión como vicepresidente del Gobierno. Recordemos el imaginado insomnio de Sánchez por tenerle de socio y se cerrará la secuencia de la despedida del todavía líder de Podemos.


El efecto refrán empezó haciéndose visible en el propio Gobierno del que ejerció como número tres. La despedida del presidente fue protocolaria. O sea, fría. Se limitó a agradecer los servicios prestados, en tanto que Iglesias ni siquiera mencionó a Sánchez en el adiós digital. Y sobre los aplausos de ministros socialistas en su último Consejo, piensen ustedes, y acertarán, que no los inspiraba el homenaje al compañero perdido sino la alegría por el incómodo compañero que se va.


Todo se explica. El PSOE, un partido comprometido con la Constitución, estaba compartiendo Gobierno con quien hacía gala de su posicionamiento antisistema. A saber: aversión al régimen del 78, guerra declarada al Rey (o sea, al jefe de un Estado que Iglesias ve como una prolongación del franquismo) y reiterados señalamientos del orden constitucional como reflejo de una democracia incompleta.


Lo primero que hizo Iglesias inmediatamente después de entregar su cartera de vicepresidente seguramente le habrá servido para ratificarse en sus posiciones. Me refiero a su viaje de cercanías en la tarde del martes, después de su último Consejo de Ministros. En Coslada (Madrid), donde había sido invitado por una asociación de vecinos afín a Podemos, Iglesias fue acosado e insultado por un grupo de activistas de ultraderecha al grito de “¡Fuera la casta de nuestros barrios!”.


No es la primera vez que en estos catorce meses pasa por lo mismo. Su propio domicilio en Galapagar ha sido objeto de un escrache persistente. En Coslada se repitió su reacción: “No aceptaremos ningún tipo de amenazas”. Nadie se lo pide.


Si acaso, se espera que sea coherente con la “naturalización del insulto” propuesta por él mismo. No se me ocurre mejor manera de explicar que uno siempre recoge lo que siembra. E Iglesias ha dejado su averiada simiente de altanería por donde ha ido pisando desde su salto a la fama hace ya seis años.

No hay mal que por bien no venga en Moncloa con la marcha de Iglesias. Le ha dado ocasión a Pedro Sánchez de proclamarse campeón del mundo en feminismo. Cuatro vicepresidencias, cuatro mujeres. 


Como si el género femenino fuera garantía infalible de eficacia en la gestión de los asuntos públicos. Pero un 100% de vicepresidentas no significa que el 100% de acierto en el desempeño de la tarea esté solo de parte del hemisferio femenino. Es una flagrante malversación del efecto estadístico, cuando menos. 

Adiós Iglesias