El sueño de Pedro Sánchez

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Dice la presidenta de que “España me debe una: hemos sacado a Iglesias de La Moncloa”. Ha sido un movimiento inesperado en el infernal patio de Monipodio en el que se está convirtiendo la política española. ¿Por qué ha hecho Iglesias esto, cuando en la Asamblea de Madrid tiene apenas siete diputados y sus posibilidades de batir a la candidata del PP son casi nulas, y no digamos ya la hipótesis de que pueda formar gobierno, cuando lo probable es que el candidato socialista, Angel Gabilondo, también sobrepase al líder ‘morado’?


Supongo que no hay una sola explicación: se me ocurren, como factores, el cortejo secreto de Pedro Sánchez a Ciudadanos la patente marginación de Iglesias en las cosas importantes del Gobierno, sus malas relaciones con varios miembros del Ejecutivo, comenzando por las vicepresidentas... Y , claro, lo de la rana y el escorpión: es su carácter. Iglesias no puede vivir ajeno a los focos. Aunque se caiga, y ahora sospecho que ya no tiene red. Valor, o inconsciencia, no faltan en este gesto suyo.


La movida es más importante de lo que parece. Iglesias pretende dejar a la actual ministra de Trabajo como su sucesora en la vicepresidencia segunda y ‘lideresa’ nacional de Podemos. Yo creo que todos ganaríamos, comenzando por Sánchez, que ahora tal vez podrá dormir más tranquilo: porque Díaz es una bastante buena ministra, mucho menos sectaria y porque su talante es incomparablemente mejor que el de Iglesias.


Veremos si Sánchez accede a esta petición, porque aún desconocemos el grado de irritación --o más bien de satisfacción-- que le ha producido la marcha, parece que no anunciada con la suficiente antelación, de Iglesias de su Gobierno. Lo que me parece improbable que acepte el presidente es el también sugerido nombre de la secretaria de Estado Ione Belarra como ministra de lo que sea, porque la señora Belarra no solo carece de una formación y una imagen adecuadas, sino que también mantiene unas pésimas relaciones con algunos ministros, en especial con la titular de Defensa, Margarita Robles.


En el momento en el que esto escribo solo una cosa se puede asegurar: la campaña electoral madrileña va a ser de auténtica locura. La recomposición de la derecha, con la virtual desaparición de escena de Ciudadanos -los escasos escaños que pudieran obtener el 4 de mayo serían, sin embargo, importantes como apoyo para Ayuso--, se equilibra ahora con el mismo proceso en la izquierda: difícilmente se mantendrá incólume la coalición en el Gobierno central con una representación podemita en la que figura la ministra Irene Montero, a quien se consideraba la ‘heredera’ del cetro de Pablo Iglesias, y que ahora queda en una situación desairada, minimizada y con unos índices de popularidad bajísimos.


Son muchas las consideraciones que podrían hacerse sobre los efectos de cuanto está pasando una vez que las desnudeces de la política española quedaron de nuevo al descubierto con motivo de la fallida moción de censura -alentada desde La Moncloa_contra el presidente del PP en Murcia: las consecuencias en el centro derecha van a ir más allá de la mera dimisión de, por ejemplo, Toni Cantó, desde luego. Y en la izquierda la recomposición irá por supuesto más allá de la Comunidad de Madrid, donde el candidato socialista Gabilondo se erige como la única voz moderada en el espectro que se adivina. Lo que ocurre es que nadie está seguro de que sea la hora de los moderados, porque hemos entrado en un bullicio loco, aún más loco, y no será Iglesias quien contribuya a amainar las tormentas. Veremos cuánta gente le vota en ‘su’ Galapagar...

El sueño de Pedro Sánchez