Brevedad eterna teatral
En Doctor Fleming 27 encontré la tuerca creadora en el subterráneo del ensueño teatral. Nueve minutos para cuatro representaciones independientes: Blanca, Azulmacareno, Rojo descarnada y Verde Torquemada 1492. Un simple chequeo médico donde Mónica Regueiro y Estíbaliz, actriz paciente y facultativa investigadora, respectivamente, ambas amparadas en técnica muy cinematográfica cuenta su historia vulgar hábilmente dirigidas por Juan Carlos Rubio. Dos mujeres sobre la platina de un microscopio con cegadora luz focal. Naturaleza, pues, destino, sonrisa, felicidades, reproches, enfermedad y muerte servidos en brevísimos espacios dramáticos.
Daniel Curras. Textod e Alfonso Zurro y dirección de Iria Ares, ofrecen una realidad que supera la ficción en la Sala Azul. Maternidad reiterada en la Sala Roja Descarriada, donde dos progenitores se esfuerzan en mimar a sus hijos.
Feliz interpretación de Tareixa Cambeiro, que sigue fielmente el argumento escrito por Jorge Sánchez y la impecable dirección de César Cambeia. Cierra los cuatro espectáculos –personales, dramáticos, bulliciosos y místicos– la Sala Verde Torquemada 1492, donde una perspicaz psicñologa –Adelaida Pittaluga– se enfrenta con un paciente –Miguel Manzano– porque hay verdades que desbordan y duelen, ambos bajo el cordón umbilical de Iria Arias.
En La Tuerka 27, humilde balancín teatral de nuestro barrios y rincones coruñeses, hay un pozo de petróleo. Alegre, bohemio, naif, artístico, seductor. Objetos decorativos. Antigüedades.
Un arco iris de asombrosos matices creadores que cultiva el arte dramático como viga maestra de formación educadora, donde el público participa del buen hacer de esta maravillosa troupe de cómicos, que ofrecen sus más recónditas y poéticas ansiedades...
