¿Sábado milagroso?

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Los últimos resultados de fútbol no nos han favorecido. Teníamos el pie firme y seguro, si ganábamos al Levante, pero los demás jugaron como los ángeles. Ahora hay que pensar en el milagro de vencer al m equipo ejor del mundo y que ya ha arramplado con la Liga. Estamos necesitados de singularidades. Como que ocurra un hecho sensible, ocular, realizado por especial intervención divina. Aquí los blanquiazules –aprovechando la distracción, jolgorio y fiestas culés–están obligados a darlo todo en función de una temporada nefasta. Cualquier cosa es posible en nuestro fútbol. Hasta que el sábado se produzca un milagro vía Barça u otras contingencias favorables.
Cábalas. Dudas. Temores. Probabilidades. El sábado, milagro deportivista. Que por una vez el fiel de la balanza favorezca al equipo de Riazor. Nos lo debe el club azulgrana cuando arrebatara el campeonato en un fatídico penalti. Sé que la comparación es hiperbólica, maravillosa y extraordinaria.
Conocemos nuestras limitaciones. Sabedores que es una moneda lanzada al aire con peligro de suerte esquiva para un once al que parece ha mirado un tuerto. Sin embargo, es preciso conjugar palabra y grito, gesto y actitud, lucha y entrega, realidad y sueño, optimismo y sabiduría. Conocemos las lacras del Depor. Sus miserias, desilusiones, fracasos.
Su contextura social y problemas económicos. Pero cuando se ha tocado fondo es obligado reaccionar. La gran masa de seguidores lo demanda. No se les puede dejar con un palmo de narices. Ante el próximo sábado, por aciago que resulte, recuerdo “Hoy es fiesta”, de Buero Vallejo. Y la muerte de Pilar, actriz clave del drama, cuando el telón final desciende lentamente mientras se escucha la voz de Doña Nieves consolando a Silverio: “Hay que esperar... Esperar siempre... La esperanza nunca termina... La esperanza es infinita...”.

¿Sábado milagroso?