ESTRATEGIA DEL AGOTAMIENTO

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La estrategia del agotamiento, que no parece ser otra que la que practica la política nacional, independientemente del partido del que se trate, al margen incluso de los 17 gobiernos + 1 que configuran este país, gana enteros. No es esta otra cosa que reducir la esencial necesidad de sentirse dirigidos a la más elemental, e irresoluble, de que, sea quien sea el que nos dirija, no hay otro camino. Asistimos así a la constatación de que la ruta pedregosa que atraviesa este país no tiene bifurcaciones ni cruces y de que, pase lo que pase, incluso bajo la circunstancia electoral, todo va a seguir igual, sencillamente porque no hay otra alternativa. El país está así agotado, no solo en materia económica o política, sino, lo que es más importante, en la cuestión social, en el simple y llano concepto –y eso es lo más importante– de que cualquier ciudadano pueda ver en cualquiera de las opciones políticas que lo componen una verdadera alternativa, un raquítica disyuntiva, a la realidad. El objetivo no es por lo tanto cuestión de encontrar salidas sino de lograr que nos habituemos a lo que hay y que, sobre todo, nos sostengamos en la única creencia de que todo puede se siempre, como se sabe, peor. ¿No es este el mensaje que, al fin y al cabo, nos llega desde hace años? La simple posibilidad de que exista algo que corrija la situación, aunque sea en mínimos perceptibles, constituye todo un triunfo, siempre magnificado.

El fenómeno plantea situaciones curiosas. No extraña así que opciones políticas dirigidas por convictos, penados o encausados, se permitan el lujo de descalificar la corrupción. O que el hecho de que los funcionarios tengan garantizadas –como recogen los Presupuestos Generales del Estado para 2013– las pagas extraordinarias de verano y Navidad se establezca como un logro de gestión o síntoma de recuperación.

Son solo ejemplos; el primero porque debería recaer en la conciencia ciudadana la pesadumbre de contemplar, aunque sea como una posibilidad, que quien critique la corrupción fuese condenado por ello. El segundo porque se defiende una garantía sin asumir que lo grave está precisamente en no contemplarla.

Mientras tanto, una gran mayoría de este país se debate ante la simple posibilidad, si tiene la mínima garantía de un salario, de poder llegar, no ya a finales de mes sino superar su primer tercio. La sensación que aporta la clase política –en ocasiones también la sindical– es en general, al margen de siglas, de auténtica desconexión con los hechos. Tal vez por eso, o por eso precisamente, sea cuestión más importante hablar del soberanismo o la independencia. Pura estrategia.

ESTRATEGIA DEL AGOTAMIENTO