UN PELIGRO EXTREMO

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Dicen los estrategas militares que para eliminar al enemigo es indispensable conocer bien quién y qué es. La advertencia ha tomado especial cuerpo en estas últimas semanas a propósito de la reacción de la comunidad internacional ante el avance del llamado Estado Islámico (EI o Isis),  que con la base territorial adquirida y sus atroces métodos represivos supone una seria amenaza no sólo para los países más directamente afectados,  sino también para el conjunto de Oriente próximo y el mundo occidental. “Un peligro extremo”, en palabras del ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius.
Los estrategas en cuestión dudan de que la respuesta de la comunidad internacional renunciado a enviar tropas terrestres vaya a ser eficaz para combatir a un nuevo movimiento que es mucho más que una organización terrorista y que es lo que aquélla no termina de querer ver. En este sentido recuerdan los expertos que el incipiente Estado Islámico actuó en sus inicios como cualquier otra formación terrorista. Pero muy pronto buscó algo que los terroristas no suelen hacer: el control de un suelo sobre el que proclamar su asentamiento  y donde pasar de las proclamas a la práctica diaria.
Borrada por la fuerza la frontera entre Siria e Irak, EI controla un territorio de más de 80.000  kilómetros cuadrados,  con su población y su aparato administrativo. Dispone, además, de una eficaz red de financiación que les aporta abundantes recursos materiales gracias a su control de campos petrolíferos y a los impuestos que recaudan en las zonas bajo su autoridad.
Así las cosas, ¿bastarán acciones desde el aire, por muy selectivas que fuesen,  “ayuda militar apropiada” y otros apoyos tácticos para sin echar pie a tierra, sólo con la guerra aérea, luchar eficazmente contra el naciente Estado Islámico? Es lo que no pocos ponen en duda.
Pero la comunidad internacional huye como del diablo de la  implicación directa en el territorio donde  el Estado Islámico impera a sangre y fuego.  España incluida, que en este proceso ha optado por mantener un perfil bajo. Como se  sabe, al final nuestro país se ha decidido por una misión poco expuesta: destacar en la frontera turca 130 militares y una batería antiaérea.  Suficientes líos internos tiene don Mariano como para adentrarse en aventuras extranjeras. Absurdo sería, además, asumir grados mayores de compromiso cuando países con mucha mayor capacidad  ofensiva no lo hacen. Por otra parte, es de suponer que el recuerdo de la que montó la oposición con ocasión de la guerra de Irak habrá hecho el resto. Lo paradójico con todo es que quienes lideraron aquella movida reclamen en esta ocasión, como hace el PSOE, mayor implicación. Debe de ser porque ahora lo pide Obama.

UN PELIGRO EXTREMO