Colibríes

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Pocas veces un título de un libro puede desatar la imaginación y el pensamiento; incluso toda una forma de estar en el mundo. El libro de artículos publicados en 1965 por Henry Miller “Inmóvil como el colibrí” es un texto de filosofía de vida, de encontrar el equilibrio entre el gasto de energía y la quietud, o si se quiere cómo moverse aparentando que estamos inmóviles.
Los colibríes no son todos iguales, se recubren de varios colores, pero todos mueven las alas a una velocidad que los hace estar como gravitando en el aire; diminutos, frágiles.
Antiguamente adornaban los sombreros de las mujeres, lo que casi los llevó al exterminio. El libro empieza con la “Hora del Hombre”, pensar y meditar, apartarse durante unos instantes de la marcha del mundo, de la rueda que gira vertiginosamente y detenernos en el punto fijo que nos señala el colibrí.
Walt Whitman o Thoreau están entre sus colibríes preferidos, una buena manera de abrazar la quietud. “Ahora el quid es el problema del poder, que en los americanos es obsesivo”. En el colibrí, no.

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