GOBIERNOS EN APUROS

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Hablando de elecciones en Francia dicen los expertos que la primera vuelta prefigura la segunda; que quien se queda a la zaga es muy difícil que gane la partida final. Es decir, que a la vista de los resultados de hace ocho días, Nicolas Sarkozy tiene pie y medio fuera del Elíseo. Por primera vez desde 1965 el aspirante a la reelección ha sido segundo en el primer envite.

Sus seguidores, no obstante, mantienen la esperanza de que se cumpla otra de las tradiciones electorales del país vecino: que en la primera ronda se vota con el corazón y en la segunda, con la cabeza. Y desde este supuesto , Sarkozy llevaría las de ganar, habida cuenta de que en medio del debate europeo sobre cómo salir de la crisis su rival François Hollande suscita más miedos que esperanzas. Habrá que estar, con todo, al punto final que el domingo próximo marquen las urnas.

¿Quién habría dejado a Nicolas Sarkozy con pie y medio fuera del palacio presidencial? ¿Los efectos en la vida y hacienda ciudadanas de la propia crisis? ¿Su excesivo alineamiento con la política económica de la canciller Merkel? ¿No haber cumplido las expectativas de regeneración de la vida pública que había prometido?

Son algunas de las preguntas que estos días se han formulado. Un poco de todo habrá habido, aunque lógicamente en distinta medida. Muchos se han inclinado, sin embargo, por la segunda de las posibilidades. Porque cierto es que el momento económico está golpeando muy fuerte a los partidos en el poder.

Creo que fue nuestro ínclito Rodríguez Zapatero quien, a modo de justificación, pronosticó aquello de que la crisis podría dar al traste con dos Gobiernos: con el saliente y con el entrante. Y es que el ciudadano podrá ponerse de perfil ante la corrupción, pero por mucho que se lo intenten justificar se rebela cuando le tocan el bolsillo. Se rebela en la calle y en las urnas. No hay política de comunicación que lo pare. Aquí todo el mundo es partidario de los recortes mientras no le afecten a uno.

Como con cierta ironía y desenfado señalaba días atrás un ilustre columnista, estamos prestos a creer a Rajoy en todo aquello que afecte exclusivamente a los demás. Mientras el presidente diga que no hay dinero para los otros, todo irá bien. Habrá, sí, que apretarse el cinturón, como gente responsable que somos. Pero a nuestro cinturón, que ni se acerque; que llamamos a Rubalcaba.

Así las cosas, ya puede ir Rajoy tentándose la ropa. Como de aquí a cuatro años no aparezcan los famosos brotes verdes de la recuperación, su prédica de las verdades del barquero será inútil en las urnas. Pero en fin: no adelantemos acontecimientos ni pongamos el carro antes de los bueyes. Queda toda una legislatura por delante.

 

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