NO TANTOS CAMBIOS

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Cierto es que las encuestas sólo encuestas son; que faltan tres semanas para que las urnas se pronuncien, y que aún hay una notable bolsa de indecisos. Pero de hacer caso a los sondeos publicados, no se adivinan en el horizonte electoral inmediato grandes convulsiones ni la fragmentación del mapa político va a ser tan notable como se aventura. Alguno o algunos vendrán, pero otros se irán. Al menos en Galicia y al menos en las siete grandes ciudades y siete principales villas.
De entrada, se podría muy bien confirmar la hegemonía en las urnas del Partido Popular. Otra cosa serían los gobiernos municipales propiciados por esa gran puerta trasera que para la izquierda suponen los pactos postelectorales.  Pero aun perdiendo votos, el PP se impondría con claridad en A Coruña, Ourense, Santiago, Ferrol, Lalín, y Ribeira. Y aun ganando también, los resultados le estarían más apretados en Lugo,  Monforte y quizás  Vilagarcía.
Para el BNG serían las plazas de Pontevedra y Carballo, mientras que el PSOE se quedaría con Vigo y Viveiro. En el resto del mapa municipal es muy probable que se repita con ligeras variaciones el dominio del Partido Popular, como desde años viene sucediendo. No habrá que olvidar que en la convocatoria de hace cuatro años el PP superó a su más inmediato competidor –el Partido Socialista– en 300.000 votos y mil concejales.
De los sondeos conocidos llama también la atención el asentamiento de los actuales partidos gobernantes y, en consecuencia, de sus correspondientes cabeza de lista. Casos como los de Pontevedra, Narón, Carballo, Lalín y Viveiro pueden ser significativos. A primera vista pudiera sorprender el auge de Abel Caballero en Vigo, un alcalde que se ha distinguido por haber hecho lo que le petaba tanto a nivel del consistorio como del propio partido. Tal vez la candidata que presenta el Partido Popular sea demasiado nueva y esté escasamente bregada para las lides locales en que la ha metido Feijóo. Vigo tampoco es plaza fácil.
En este grupo de las catorce mayores áreas urbanas habrá, pues, mayorías absolutas. Y más de una le corresponderá al PP, por mucho que el secretario general del PSOE, Gómez Besteiro, predique que para aquél se habrán terminado.
Otra cosa –repito– serán los gobiernos que se lleguen a formar tras los resultados de las urnas. Aquí es donde los llamados partidos emergentes podrán en alguna medida encontrar temporal acomodo. Y decidir. La gestación de sus candidaturas ha sido trabajosa en exceso. Y en algún supuesto, de mareo. Quizás se les esté dando excesiva importancia. Pero, aunque pocos, pueden tener en la formación de los gobiernos locales más relieve del que les darán las urnas. Injusto, pero no descartable. 

NO TANTOS CAMBIOS