HUYENDO DE LOS CONTROLES

|

No ha gustado nada el recordatorio que el ministro Montoro ha dirigido a las comunidades autónomas que no se han acogido a los préstamos blandos del llamado Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y que han preferido acudir al mercado normal de capitales para financiar su endeudamiento.
Según el titular de Hacienda, las comunidades que así se han comportado –ocho y entre ellas, Galicia-  habrían incurrido en unos sobrecostes de 1.757 millones de euros, de los que 199 corresponderían a nuestras cuentas regionales.
Como digo, las comunidades señaladas por el dedo ministerial han reaccionado un tanto airadas y cada una de ellas ha ofrecido la correspondiente réplica. En este sentido la Consellería de Facenda ha hablado de “cálculos totalmente erróneos” y asegurado que la financiación en los  mercados no sólo no ha supuesto un sobrecoste respecto al FLA, sino que hasta ha ahorrado dinero. Y pone como ejemplo las más recientes emisiones de deuda realizadas.
Puede que así sea porque últimamente los mercados de capitales registran tipos históricamente bajos. Pero cuesta creer que siempre haya sido así y que éstos hayan venido a ser sistemáticamente más ventajosos que un mecanismo extraordinario de apoyo a la liquidez de las Haciendas regionales cual es el Fondo de Liquidez Autonómico
El presidente Feijoo suele alardear de no haber tenido necesidad de acudir al mismo habida cuenta de que Galicia goza de un “alto prestigio” entre los inversores. Y tanto él como los demás presidentes señalados por Montoro alegan que de otra manera hubieran incurrido en una importante cesión de autonomía financiera.
Y aquí está el quid de la cuestión. No es que hubiesen perdido autonomía financiera propiamente dicha. Lo que se hubiera visto afectada habría sido su  capacidad de maniobra presupuestaria, pues no en balde el FLA conlleva un control, y un sometimiento a principios de “prudencia financiera” marcados por el Ministerio de Hacienda, amén de una serie de condicionamientos financieros y fiscales. Y ya se sabe cómo las Administraciones huyen de las supervisiones, aunque a la hora de la verdad los incumplimientos no acareen ni de lejos las penas del infierno con que al comienzo amenazaba el ministro Montoro.
Sucede como con los interventores en la Administración local, cuya figura ha sido rescatada y potenciada por la reciente reforma. La Federación gallega de Municipios y Provincias (FEGAMP), por ejemplo, no los puede ver ni en pintura. Dice que condicionan y complican la gestión local. “El que manda ahora es el interventor”, ha proclamado algún ilustre alcalde.
En realidad, el interventor no manda nada. Sólo advierte qué gasto es legal o cuál no lo sería. Pero no decide. De alguna manera, en efecto, controla. Y tales controles, como digo, estorban. nada. Aunque sean más que recomendables.

HUYENDO DE LOS CONTROLES