TRES, CATORCE Y DIECIOCHO

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Me gusta más tres, catorce, dieciséis, pero es que el tres es el número de años que cumplió ayer, día dieciocho, nuestro presidente al frente de “nosa nave nai”, encallada en el fin del mundo y, el catorce, como muy bien saben los monárquicos, se celebró el aniversario de la República.

Pero es que hay más, compadres… si bien el siete es el número de la bestia, el tres por estos pagos recuerda la bestialidad de perdonar una multa de tres millones a un conocido constructor y político o viceversa.

Sí, señores. Lo dicen los periódicos: Feijóo perdona una multa de tres millones a la firma de Telmo Martín, conocido político del PP que ya tuvo algunos titulares periodísticos relacionados con su empresa constructora. Muchos le recordarán como alcalde de Sanxenxo y que ahora, modestamente, se retiró de la escena política.

Otro “fuxido”, pero este por diferencias ideológicas, es el hijo de Cuiña, que marcha del PP a los tres años (¿ven como el tres es un número importante?) de llegar al primer sillón de a Xunta don Alberto, a quien, por cierto y por tres veces, el hijo de Baltar –rey, por sucesión en la Diputación ourensana– le dijo que en su plaza el que hace los recortes, arreglos o permanentes es él.

Dejemos por un momento el tres y el dieciocho (ayer se cumplieron, insisto, tres añitos de Feijoo9 en el poder) y pasemos a recordar el catorce, al grito de “salud y República”, aunque parezca un chiste con tantos problemas como dio estos días la caza a la familia real y que han puesto echando humo internet. Me quedo con esta frase de quien se identifica como una republicana: “Gracias a la familia real por lo mucho que viene haciendo por la República”.

Y volvamos ahora a estos predios para hablar de la salud que, con o sin República, seguimos necesitando.

Ahora nuestro presidente (el de 3 y 18) pide que las medicinas se paguen según renta y no años. Y ¿por qué no la gasolina, tío?

Además hay un pequeño detalle que incluso don Alberto puede entender fácilmente: un jubilado de setenta y tantos pagó ya, durante treinta y muchos años con salud, las medicinas que no usó, pero que sí necesitó, el sobrino nieto de cualquier político que no aportó, obviamente, ni un centavo al sistema.

TRES, CATORCE Y DIECIOCHO