Katie Cruel

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Qué tendrán que ver los recibos de electricidad del oxidado personaje político de Esperanza Aguirre, su nunca estuvimos allí, y su ya mareada incontinencia verbal, con una cantante Karen Dalton y su triste, pero verdadera voz surgida de los fondos de los años sesenta? Pues no tienen que ver nada, son los días que unen cosas en nuestros oídos, unas nos agreden y otras nos calman, unas son la enfermedad y otras la cura. 
Gracias a Karen Dalton, en este caso, podemos, puedo soportar, esta realidad intermitente, de frases, de tonterías, de la noticia diaria, de estar todo el día en los medios para no perder actualidad, aunque se digan tonterías, incongruencias, lo de menos es faltar a la verdad, a lo que esa señora nos tiene acostumbrados. 
Pero señora, la Dalton es otra cosa, es un regalo con la voz rota de una niña abandonada, cuando en su disco 1966, reinterpreta a Tim Hardin y canta Reason to Believe como si fuera la última vez, que se pudiera cantar, o su Katie Cruel, con su banjo sonando como si arásemos la tierra pedregosa de nuestra alma: “Cuando llegué por primera vez a la ciudad, me llamaban la joya itinerante, ahora han de cambiar su melodía me llaman la cruel Katie”. Karen Dalton es un regalo de este otoño caluroso. 
Ella es como la belleza, dura pero luminosa, diáfana, inocente, peligrosa. Karen Dalton como dicen algunos “vivió y fracasó”, siempre que entendamos qué es cada cosa. 
Bob Dylan, que la acompañó a la armónica varias veces decía de ella: “Era la mejor, la más pura y descarnada, cantaba como una cantante de blues y tocaba la guitarra como Jimmy Reed,” a lo que habría que añadir que cantaba con esa voz trémula y a veces imperceptible como lo hacía Billy Holliday. 
Dolor intenso que se traduce en belleza. Karen Dalton muere en 1993 sola y casi olvidada convertida en una cantante de culto. Alguien dejó dicho que no escuchemos a la Dalton si quieres felicidad, que en sus canciones solo manaba pena. 
Yo no lo creo, solo creo en la felicidad que mane de la pena, sobre todo de una felicidad creíble y duradera. Si no escuchad Blues On The Celling. Lo ve señora Aguirre, nosotros tenemos con qué salvarnos de usted.

Katie Cruel