PACIFISMO Y PUSILANIMIDAD

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Corren tiempos tan turbadores que algunos confiesan que les da asco ser español. No comprendo semejante inquina. Salvo que le patinen las neuronas, insulte por frivolidad o aspire a ganar una migaja de escandalosa popularidad. También pudiera ser que estos tipos se avergüencen por la conducta irreflexiva, inmoral y vengativa de un émulo del nefasto Rodríguez Zapatero, magistrado Luis López Guerra, cumpliendo a rajatabla la claudicación –no plan de paz–del Estado de Derecho ante los asesinos etarras: ley de partidos derogada, Bildu en las instituciones, nacionalistas recogiendo las nueces de árboles agitados por otros, desenlace del caso Faisán, presos en la calle bajo cualquier pretexto aunque no se hayan arrepentido de nada ni entregasen armas, jueces corriendo a no perder el culo y adoptar urgentemente una resolución.
¡Pobres víctimas del terrorismo! ¡Treinta años con tiros en la nuca, bombas lapa, masacres, extorsiones, amenazas, miedo y odio! Total para nada. Inutilizada y vacío radical. Sufrimiento y sacrificios entre el furor pacifista de la izquierda y la pusilanimidad acomodaticia de la derecha, que les dan reconocimientos, besos y ánimos… Las víctimas, sin embargo, añoran el coraje de nuestros tiempos fundacionales como nación, carácter y temple. Así aquel justiciero  Díaz de Vivar, al destierro con doce de los suyos –polvo, sudor y hierro–, que se las había tenido tiesas, pese a su lealtad, con Alfonso VI al tomarle juramento en Santa Gadea de su inocencia en el asesinato de Sancho II por Bellido Dolfos.
Porque ETA, pese a cuanto traten de confundirnos, es un colectivo criminal que no entregará las armas y si alcanzase poder gobernará tiránicamente. Son los espíritus malignos del evangelista Lucas que entraron en Euskadi, nuestros viejos demonios familiares que beben de Puschkin y Dostowieski…
¿Hasta cuánto soportaremos?

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