LAS HUELLAS DE LA CRISIS

España superará la crisis, pero llevará mucho tiempo “borrar las huellas” que ha dejado en la economía y en las familias, dijo la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ante la junta directiva de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos –ATA– la semana pasada.
Entre esas “huellas” están todo el proceso de devaluación de salarios, la pérdida de calidad en los servicios que caracterizaban el Estado de Bienestar, el crédito congelado, la pérdida de empresas y el paro, el efecto más devastador de la gran recesión que genera en los afectados problemas de índole sicológico, empobrecimiento y exclusión social dejándolos a la intemperie, en muchos casos sin protección alguna.
El paro de las personas es consecuencia de los reajustes de plantilla de las empresas a través de expedientes de Regulación de Empleo o de su cierre –otra huella visible de la crisis–, al que se vieron abocadas muchas de ellas dejando un gran hueco en el tejido económico y social de las ciudades y del país.
Una información de Abel Peña publicada en El Ideal Gallego la semana pasada daba el dato escalofriante de que desde 2009 a 2012 desaparecieron 1.174 empresas en A Coruña en los sectores de la construcción, la industria y los servicios. Hay ejemplos sobrados en la ciudad y su entorno de la crisis empresarial. Ahí está el sistema financiero en gran parte desaparecido, el cierre de plantas muy arraigadas en la ciudad, como la Fábrica de Armas, la caída de muchas otras pequeñas empresas con menos nombre, pero generadoras de riqueza, o la crisis permanente del comercio tradicional, sacrificado en el altar de las grandes superficies, que tampoco se libran de la crisis como demuestra el cierre de Dolce Vita.  
Decía la vicepresidenta que estamos “encarando la recuperación”, pero para que sea perceptible, esa mejora del clima económico debe trasladarse a los hogares, a la economía real, en forma de empleo y este llegará de la mano de los autónomos y de las pequeñas empresas que son el motor de la economía, los primeros en generar trabajo y riqueza.
Por tanto, las autoridades deben implementar políticas activas de apoyo tanto a los autónomos, como a las empresas viables, facilitando su instalación y evitando subidas inesperadas de cotizaciones que pongan en peligro su productividad y competitividad.
En el caso de A Coruña, la ciudad tiene que recorrer de la mano de ellos el camino de vuelta de la recuperación de sus sistema productivo, industrial y de servicios para volver a la pujanza que tenía esta urbe en su entorno y en la economía gallega.

LAS HUELLAS DE LA CRISIS

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