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Ridículo, anacrónico, folklórico barato, “trapalleiro”, trasnochado, etc. Estos son los términos que está mereciendo el nuevo diseño olímpico de la representación española para los Juegos de Londres que ha hecho público TVE. La opinión negativa la formuló como nadie Nicolás Vaudelet: “existe una confusión entre lo que es un traje regional y un diseño para deportistas de élite”. Y añadió Ana Locking: “cualquiera de los diseñadores españoles estaríamos muy orgullosos de vestir al equipo olímpico”. Y es que la concesión de la vestimenta se otorgó a la firma italo-rusa Bosco, que ha presentado una auténtica “desfeita”.

El mundo textil español se echó las manos a la cabeza: nadie podía dar crédito a aquella exhibición de papanatismo patrio, de folklore barato y de segunda mano. La asociación de Creadores de Moda de España (ACME) se apresuró a denunciar la situación: “En un país como España, con grandes diseñadores y una potentísima capacidad de distribución, no nos parece correcto que se recurra a una empresa rusa”. La firma concesionaria prometió modificar el boceto inicial y finalmente presentó el definitivo. Pero las críticas recientes de diferentes diseñadores españoles siguen siendo terroríficas: “Esta propuesta –afirma Vaudeñet– me parece tan errónea como la anterior. Insisten en disfrazar a España y este camino no es el adecuado”. Sin ir más lejos, la manga de la blusa de las damas deportistas es más folklórica que la de los faralaes de la difunta Lola Flores.

Y es que el traje femenino está compuesto por una blusa amarilla con cuello y lazada en la cintura en rojo y manga acampanada, combinando con una falda abombada que llega hasta casi los tobillos. En la mano, el inconfundible, ridículo, esperpéntico abanico. En el traje masculino, apabullante combinación de colores que convierte al deportista español en una sucursal de la tintorería “Los mil colores”. La corbata lleva el mismo estampado de la falda femenina.

Ahora mismo, ya hemos ganado una medalla: ¡la del ridículo!