Extravagancia zonal

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Algunas cogen el ventilador de las ideas estrambéticas y no paran. Dígalo Claudia Delso y su reparto del pastel coruñés en 305 barrios o zonas. No le basta, junto a Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, despachar los asuntos municipales y expedientes a “velocidades supersónicas”, sino, al contrario, impera en las oficinas del Concejo el “Vuelva usted mañana”. Así dan testimonio de una burocracia más lenta que el caballo del malo o que Aquiles en el sofisma de la carrera con la tortuga. Invocando semejante descabellada reflexión, ¿necesitamos ahora arrabales para solucionar nuestros problemas de movilidad?
Posiblemente sea la añoranza por una grandeza que nunca se tuvo. Como cuando la City inglesa a mi niñez incorporó sus famosos arrabales llamándose “London”, que sufriría los bombardeos de la aviación alemana (años 1939-1943); los titanes rascacielos neoyorquino para arrebatar su cetro a Zeus o, arrastrándose con genética española, hacer de México la ciudad más extensa del Jalisco no te rajes… Seguramente melodías de arrabal en la voz de Carlos Gardel y su bandoneón que flipaba a las jóvenes abuelas durante nuestra última guerra incivil.
Al tiempo la suma de municipios limítrofes por nuestros vecinos del sur al objeto que Vigo fuese la ciudad más grande de Galicia. Todo ello en plena dictadura franquista cuando cristalizó el “Gran Madrid” y su cinturón industrial. Una ecuación macrourbanista que empuja a nuestra edil a revivir el tango “Nostalgia” y la romanización poética del farolillo de la calle donde nació, con compañeras de adolescencia que le enseñaron que “hay que mentir para… defender el escaño alcanzado por su formación política”. Mientras vivimos un San Juan estajanovista, las chicas de las hogueras con palmo de narices, la hostelería sin licencias de terrazas, los expedientes durmiendo sueño en los cajones, se posterga el arreglo de Riazor y en las playas se vedan lugares para el baño.

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