La sonrisa de Seedorf y la seriedad de Natxo

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El Deportivo había perdido –que era su auténtica pasión durante la temporada pasada– y Seedorf llegaba sonriente a la sala de prensa. “El equipo ha mejorado”, afirmaba y no le faltaba razón; desde su llegada al banquillo había pasado de último a penúltimo. “Estamos en el camino”, añadía y tampoco le faltaba razón; estaba en el camino, pero el camino a Segunda y lo recorrió enterito. En esta campaña la situación ha cambiado diametralmente. Natxo González no suele llegar sonriente a la sala de prensa –ni a la sala de prensa ni a ningún otro sitio–, pero no dice parvadas. Al revés, la seriedad de su rostro es similar a la de su pensamiento. A la conclusión del partido en Almería fue rotundo: “Hemos sido inferiores en todo; no me siento a gusto. Este punto no me sabe a nada”. Y menos mal que el equipo había empatado. No le falta razón, pero queda claro que es preferible un entrenador un poco avinagrado que uno casi flipado.

La sonrisa de Seedorf y la seriedad de Natxo