Alioscha

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Amí siempre me sedujo Alioscha, personaje crucial de “Los hermanos Karamazov”, transposición de aquellos cherqueses que expiaban su culpa en el presidio de Omak donde cumplió condena Dostowieski. Los tres se amaban tiernamente y los dos mayores sentían afecto paternal por Alei.
El gran escritor ruso narra estas vicisitudes ocurridas en la casa de los muertos que inmortalizará con un estudio objetivo, analítico y profundo del parricidio. Un delito tipificado por el código penal y también por la moral religiosa.
Ahí radica toda la trascendencia inmanente del hombre al idear el concepto de Dios como ser superior; transposiciones piadosas, solidaridades humanas, ateísmo sin fronteras, amoralidad nietzscheana o simple pudor ante un posible castigo.
En este sentido mi héroe particular fue mi hermano Jaime. Desprendido, bueno, comprensivo, tierno, delicado. Hombre cabal e inocente. Transpiraba una fe que encendía la de quienes le rodeábamos, esposa, hijos, amigos o compañeros de trabajo. No en vano Francisco de Asís le había tentado a través de los padres capuchinos. Así quiero recordarle en su mutis por el foro. Como flor de loto navegando sobre las aguas y compartiendo amor con todos. Un terciopelo blanco azulado, optimista, alegre y esperanzado de mar y lluvia.
Todas son rememoraciones a la hora de deshacer la casa. Veo su alma alada hacia el seno del Padre. Juegos infantiles, exámenes, oposiciones, servicio militar, vida profesional, matrimonio, hijos, nietos. Subconsciente freudiano perdido en el laberinto de un mundo incomprensible.
Sin embargo, mi hermano Jaime tenía la mirada clara y disfrutaba con los amigos bebiendo un buen vaso de vino y fumando un cigarrillo en esta época donde todo son prohibiciones. Seguramente había dado en la tecla para librarse de los azotes psíquicos actuales señalados por Enrique Rojas: depresión, ansiedad, trastorno de la personalidad y crisis conyugales.

 

Alioscha