UN EMPRESARIO AUSTERO Y DISCRETO

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La semana pasada el mundo de empresarial perdía a Isidoro Álvarez, el empresario que revolucionó el sector de la distribución comercial y levantó El Corte Inglés, la empresa que emplea a miles de trabajadores y genera riqueza en España y en otros países donde desarrolla su actividad.
La figura de Isidoro Álvarez es poliédrica y, por tanto, puede ser analizada desde varios puntos de vista. Pero hay dos aspectos de su vida y obra que sobresalen y representan una gran lección para dirigentes empresariales, políticos y hasta para los ciudadanos.    
El primero es la forma de vida privada que él eligió caracterizada por la austeridad y la discreción, situándose siempre en segundo plano. En este ámbito vital hay que incluir su sana “adición al trabajo”, con una constancia y dedicación mayor que la del empleado más trabajador. Este cúmulo de valores, unido a su anticipación visionaria de las tendencias evolutivas del sector comercial, es lo que explica que la pequeña tienda de sastrería se haya transformado en un emporio que factura más de 14.000 millones, da empleo a cerca de 100.000 trabajadores –4.000 en Galicia– y es un referente mundial en el sector de los grandes almacenes.
El segundo aspecto que hay que resaltar es el de haber creado en todos sus centros una peculiar “cultura de empresa” con valores determinantes, como son la atención esmerada y el buen servicio al cliente –“si no queda satisfecho le devolvemos su dinero”–, la profesionalización rigurosa de todo su equipo humano y el compromiso, casi veneración, con las cosas bien hechas. Estos principios conforman la impronta empresarial y están detrás del buen hacer de los empleados de El Corte Inglés que atienden con paciencia infinita aún a los clientes más exigentes y, a veces, repugnantes.
Ahora se habla mucho de la “marca España”, una divisa por la que se reconoce a nuestro país. A ella aportó Isidoro Álvarez su contribución modernizando el comercio y modificando los hábitos de consumo de varias generaciones de españoles, impulsando el mecenazgo de la ciencia y la cultura y configurando el desarrollo de los espacios urbanísticos en las ciudades en las que implantaba los centros. España no sería la misma sin su impronta humana, comercial y empresarial.
Por eso, en medio del convulso el mundo de la política, reconforta recordar a un empresario austero y discreto que supo planificar el día después de la empresa que dejó a cargo de un hombre salido de su escuela. Ojalá el sucesor acierte y tenga suerte.

UN EMPRESARIO AUSTERO Y DISCRETO