La señal de... Rajoy

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Sugestivo el anuncio de la Xunta propagando el décimo aniversario de Outono Gastronómico en turismo rural. Entrañable reproducción gráfica de un mortero con mazo donde anidan ajos domésticos acomplejados por hojas de árboles castañas. Belleza indómita de corredor de fondo que advierte la brevedad del tiempo. Recipiente de material duro que se emplea para machacar cosas en él. Almirez, majador y primos hermanos, matraz, cubeta, vasija. Un mundo para el otoño que se abre a nuestros pies alfombrado por hojas caídas combatidas por los pirómanos que fusilan un día si y otro también nuestros bosques umbrosos. Es el odio hacia el equilibrio. La imperiosa necedad paranoica y delirante de provocar el mayor mal posible.
Al cambio el actual entramado político jugando una maldita partida de ajedrez. Donde cada uno quiere dar jaque mate al antagonista y no se contenta con menos. Importa un bledo que digan los electores en sucesivas consultas. Hay que odiar inmisericordes olvidando la redención colectiva plasmada en la Constitución de 1978. Desde entonces pulularon cientos de reyes godos de todos los colores y calibres. Pisaron la hierba pública para que no volviese a crecer la hierba. Ahí está el ejemplo de Mariano Rajoy, pese a sus buenos andares económico-financieros, al que se niega mantel, pan y sal. Envidiosos mediáticos y opositores descerebrados quieren que ande fugitivo y errante por España. Mientas estos redentores cierran el puño para ganar más dinero que nadie, otras mareas pretenden inundar todo, el guaperas mantiene su “no” argumental, Albert Rivera se ofrece de niño bueno, etc. Todos actúan de Yavé mediáticos y casposos: “Si alguien matara a Rajoy, será siete veces vengado”, poniéndole una señal para que nadie que lo encuentre lo hiera…
¿Las urnas concederán a Mariano Rajoy mayoría absoluta en una nueva consulta electoral?

La señal de... Rajoy