RESPONSABILIDAD Y COHERENCIA

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En vísperas de las elecciones municipales el candidato socialista a la alcaldía de Ourense, Vázquez Barquero, sacrificó la coherencia -“si me imputasen dimitiría”, y no dimitió después de ser imputado- por  una supuesta responsabilidad política con los integrantes de su lista.
Para mí que ambos valores deberían formar un tándem inseparable en la vida personal y profesional de las personas, también de los políticos, y hay varios ejemplos que lo acreditan. El último lo ofreció un colega del señor Barquero, Antonio Carmona, cuando fue destituido como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. 
Más allá de las intrigas que se cuecen en los despachos políticos, este veterano socialista fue claro al arremeter con argumentación contundente contra la dirección de su partido por no entender las razones de su cese porque “siempre cumplí órdenes. Pero su responsabilidad y coherencia saltan a la vista cuando explica que “me han ofrecido ser senador a cambio de que deje el ayuntamiento y yo no tengo precio, no quiero ser senador, a mi no se me compra. Tengo dignidad y voy a defender un cambio de rumbo en el PSOE representando a los madrileños que me han elegido”.  
Naturalmente, los dirigentes de ese Partido tienen derecho a formar equipos, destituir portavoces por no cumplir sus objetivos o por ser amigos de sus enemigos…, pueden hacer lo que estimen oportuno de acuerdo con sus estatutos y militantes. Pero en este episodio hay dos cosas que llaman la atención. Primero las formas. Antonio Carmona se enteró de su cese por los medios de comunicación, lo que recuerda la época en la que los ceses se conocían por el motorista. Es un modo de proceder impropio de un partido moderno que debería comunicar sus decisiones cara a cara a cargos y militantes. 
La segunda entraña más gravedad. Los jefes de Carmona primero le destituyen y después utilizan el Senado como moneda de cambio para ofrecerle un escaño. Es una incoherencia de los jóvenes dirigentes del PSOE que, mientras hablan de regeneración política, devalúan la Cámara Alta al nivel de un chiringuito en el que se coloca a quienes hay que premiar por los servicios prestados.  
Presiento que, en esta lucha desigual, Antonio Carmona será aplastado por la estructura de su partido. En todo caso, queda la lección de coherencia de un hombre que, teniendo de qué vivir, quiere seguir en la política para servir a los ciudadanos y regenerar a su partido. Debería cundir el ejemplo. 

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