Varapalo a Ferrol

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El lunes pasado, Ferrol se levantaba escuchando una buena noticia: el ministro de Asuntos Exteriores anunciaba que, tras una reunión con el presidente de México, quedaba desbloqueada la construcción de dos buques hotel –floteles– contratados por Pemex Internacional, uno de los cuales se construirá en Navantia Ferrol y el otro en Hijos de J. Barreras de Vigo. Para Galicia supone una inversión de 300 millones de euros y muchas horas de trabajo para unos astilleros que tienen las gradas vacías.

El ministro añadía que “se han dado pasos para poder obtener un encargo de fabricación de otros veinticinco barcos más”. Si se confirma, esta sería la segunda parte de la buena noticia para un sector tan importante en la economía gallega y decisivo para las ciudades y comarcas de Ferrol y Vigo.

Pero “pouco dura a alegría na casa dos pobres” y Ferrol se acostó el mismo lunes con la mala noticia de que Navantia no va a impulsar la construcción del dique flotante, una vieja demanda que es imprescindible para que la ciudad departamental se enganche al mercado de la reparación de buques. Con esa negativa se pierde una inversión de 170 millones de euros y trabajo para 900 personas durante dos años.

Parafraseando a Don Quijote, Ferrol “topa” de nuevo con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, la SEPI, que periódicamente promete su apoyo al tejido productivo de Ferrolterra y siempre incumple su palabra, ahora escudándose en una supuesta negativa de Europa para no aportar la financiación para la construcción del dique flotante que, dicen, “sería considerada una ayuda del Estado ilegal”.

Con tres meses de retraso el presidente de Navantia y directivos de la SEPI vienen a Ferrol para acabar con las justas reivindicaciones de los trabajadores –que seguirán peleando–, con la ilusión de los alcaldes de la zona y con las necesidades de trabajo de la población de una comarca muy castigada por todos los gobiernos que hubo en este país en el período democrático.

Porque Ferrol padeció todas las reconversiones –industrial, militar y administrativa– soportables para una ciudad trabajadora y pacífica. Ahora, sufre un nuevo varapalo con los directivos de Navantia Madrid que, dice el alcalde, “llegan aquí con las manos vacías, sin carga de trabajo, ni dique, ni plan industrial”. Una decepción doble, insinúa el regidor, por proceder de un “gobierno amigo” que, como los anteriores, sigue castigando a Ferrol. Y ya va siendo hora de revertir la tendencia.

Varapalo a Ferrol