Una paz que, en realidad, es tan solo una tregua

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Poco ha durado la tranquilidad en el Partido Popular. El gesto de Núñez Feijóo con Casado de tenderle la mano y la asunción de la necesidad de centrar el partido, por parte del responsable popular, parecía haber devuelto las aguas a su cauce. Sin embargo, son muchos, tal vez demasiados, los que consideran que el fiasco del 28A no se puede solucionar con un simple acto de contricción. De hecho, estos son los que aceptan que, ahora mismo, lo inteligente es firmar una tregua. La proximidad de las elecciones locales, europeas y hasta autonómicas en media España, imponen un cierre de filas que es más postureo que real. De hecho, Casado solo será capaz de salvar la cabeza si los españoles aceptan su regreso al centro del que nunca debió salir. Si se vuelve a producir otra catástrofe, ni los buenos consejos de Feijóo le servirán. Y, por cierto, mejor haría Casado marcando diferencias con FAES y José María Aznar. Está claro que los españoles están ya por encima de los modos barriobajeros del expresidente.

Una paz que, en realidad, es tan solo una tregua