Jordi Pujol sigue mandando

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Despacio y sin empujar. Esta sería, en términos vulgares, la respuesta que ex presidente catalán Jordi Pujol ha venido a dar al Parlamento de aquella comunidad que le requería una pronta comparecencia para explicar la clandestinidad fiscal en que, según confesión propia, ha vivido durante algo más de tres décadas.
Pero el ex “muy honorable” –y nunca mejor dicho lo de “ex”– contestó en un principio en plan prepotente, como si siguiera mandando. Dijo que no tenía obligación de hacerlo; que en todo caso comparecería porque quiere, y que ello no sería antes del 22 de septiembre para no contaminar –alegó–  con su caso fechas “de alto voltaje político”, cuales son la Diada del jueves que viene, el debate de política general en el Parlamento regional (16 y 17 próximos) y la aprobación de la ley de consultas, dos días más tarde.
Se trataría en todo caso de un monólogo; de una comparecencia sin preguntas ni respuestas. Pero aun así, Pujol puso sus condiciones. Como viene siendo en él habitual, se envolvió una vez más en la bandera nacionalista, pretendiendo operar en aparente clave política. Y digo aparente porque lo que en realidad pretendería es no comparecer antes de que su hijo mayor Jordi Pujol Ferrusola y esposa declaren como imputados el día 15 en la Audiencia Nacional ante el juez Ruz, acusados de blanqueo de capitales y delitos contra la Hacienda pública, para así protegerlos judicialmente.
Ante tal desaire a la Cámara legislativa, a la mayoría de los grupos parlamentarios no les ha quedado más remedio que dar una vuelta de tuerca a la situación y pedir la puesta en marcha de una comisión de investigación sobre fraude fiscal, donde la comparecencia ya es obligatoria, todos preguntan y muchos testifican. De la misma se han desmarcado en buena lógica el partido del propio Pujol. Y a ella se ha sumado también el PSOE, dubitativo en un primer momento.  
La verdad es que los grupos parlamentarios se habían mostrado excesivamente ingenuos con Pujol. Y es que esperar que un gran mentiroso confeso esclareciera en comparecencia simple las razones de su largo y tendido fraude fiscal, era algo así como pedir peras al olmo. Desde luego, tal deferencia con el ex presidente no se hubiera tenido con ningún otro.
Es pronto para conocer el alcance de la comisión, si es que al final llega a constituirse. La experiencia dice que tales iniciativas investigan y esclarecen poco. Pero ante lo que puede venir encima, hasta el propio Pujol parece haber suavizado a última hora sus pretensiones iniciales. La preocupación y el miedo es que la comisión, no obstante, termine por destapar todas las corrupciones del sistema. Y más que miedo es pánico.

Jordi Pujol sigue mandando