BRINDIS TAURINO

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Con larga afarolada el Atlántico rescata los festejos taurinos nacionales para nuestra Galicia gaélica, junto al mar tenebroso que salta por el horizonte. La fiesta de los toros se acerca y viste traje de luces con matadores cimbreantes que enhebran coplas a los cristales de la tarde coruñesa, viviendo un paganismo telúrico que dialoga con la muerte, la dribla con arte suicida y baila fachendoso un pasodoble sobre el albero, “España cañí”, “El relicario”, “Manolete” etcétera.
Aquí se mantienen los incondicionales. Sus peñas. Los curiosos que acuden a la cita cultural de un hombre enfrentado a la gloria de su destino, compartiendo protagonismo con un noble animal que lanza bravura en sus cuernos, casta en lances de capote y fuerza al arremeter contra el caballo del picador. Aplausos, olés, miedos y la banda de música subrayando la faena de muleta.
En cuanto suena el clarín de la verdad. Y se alcanzan los trofeos, la vuelta al ruedo devolviendo flores, abanicos, mantillas y sombreros. O los silbidos adoquinan la tarde gris, que se hace más redonda en el fracaso. Es la voz del pueblo dictando sentencia. Movimiento, grandeza, hermosura, bullicio. Aúllan los géneros musicales como orquestación de sinfonía colectiva.
Tal valen las óperas “Carmen” y “El gato montés” y especialmente el nacionalismo español de Joaquín Turina en “La oración del torero”, escrita para cuarteto de laúdes y hoy arreglada para orquesta de cuerda.
También la transposición coral de Federico García Lorca llorando por Ignacio Sánchez Mejía “La piedra es una frente donde los sueños gimen” o la escasa participación dispensada al drama “La cornada” escrita por Alfonso Sastre con partitura de Cristóbal Halffter.
El empresario Tomás Entero ha dado el paso para rescatar las corridas de toros en La Coruña, aprovechando la festividad de la Virgen del Rosario. Demos la espalda a intransigentes, perroflaúticos y frikis al uso...

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