Contra vento e madeira

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Antón Sobral (Marín, 1952) y el coruñés Enrique Tenreiro han pasado por la galería Arte Imagen, en una itinerancia artística por diversas ciudades de Galicia: Santiago, Coruña, Ferrol…; van capeando el temporal de sus creaciones, no “contra viento y marea”, –según reza el dicho popular–, sino “contra vento e madeira”, sugerente título que habla de sus motivos inspiradores y de los materiales utilizados; o, si se quiere, de cómo van embarcándose en la lucha que su inclinación artística les impone.
Los vientos del mar recorren los paisajes de Antón Sobral ,en modulaciones ad infinitum de los ritmos inquietos de las aguas atlánticas y de las volanderas luces que sobre ellas trazan sinfonías de las más variadas tonalidades; nubes, marusías y lejanías bailan a los acordes de su inquieto trazo o se reposan sosegadas en la infinita blancura del horizonte y, a lo lejos, como un ensueño flotante, se perfila Marín, casi increíble, en la levedad de la mancha; olas picudas como albas gaviotas brincan desde las sugeridas profundidades y trazan inquietos signos y cadencias que hablan del eterno vaivén de las ondas y de la danza eterna de los elementos. Otra danza, más reposada, pero igualmente interminable, es la que se desprende de las rústicas maderas y raíces que usa Tenreiro para expresar, entre otras cosas Las vueltas que da la vida o los Capítulos vitales, pues son los añosos árboles, sin duda, los que mejor pueden dar fe de ese crecer vertical en profundidad y en altura, a la par que van guardando en sus troncos y raíces las vueltas y circunvoluciones de los años; nidos, huecos, formas bulbosas, extremidades como alas o brazos les van creciendo y transformándose en apariciones antropomorfas o sugerencias de raros animales, como tortugas de enormes escamas o reptiles antidiluvianos.
De esas insinuaciones, ya implícitas en los trozos o troncos de madera utilizados, se sirve Tenreiro para construir sus esculturas, a las que luego añade toques de color, ya imitando los tonos rosáceos de la carne, ya buscando las alburas de un círculo protector.
El grito silente de la naturaleza y su desgarro están presentes en estas obras donde lo barroco, en su vertiente más primitiva y espontánea, aflora. El alma de Galicia, en suma, en su manera más lírica y, por ende, menos intelectualizada, halla en estos dos artistas un modo particular de manifestarse.

Contra vento e madeira