Entre locos anda el juego...

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Zoa Producciones compareció en el teatro Rosalía de Castro –ciclo principal, llenos y éxitos absolutos– con satisfactoria propuesta dramática muy novedosa “Elling”, de Inguar Ambjurnsen, versión española David Serrano. Un escenario, habitación de manicomio, con dos camas, mesilla de noche y sendas sillas que sufrirán repetidas transformaciones conforme requiera el texto dramático.

Los espacios laterales están ocupados por dos filas de espectadores inmersos en el espectáculo. La obra depara un alto en el camino para regocijarse con soledad compartida. Serenidad conmovedora, que arranca desde la noche oscura del alma, donde en muchas ocasiones dudamos de si somos cuerdos o estamos locos.

Una escalera solidaria y comprensiva tendida a la etérea encrucijada donde confluyen la amistad entre los protagonistas, el amor del sátiro por la vecina embarazada y la confianza en el sistema social –hogares baratos y educadores para enfermos cerebrales– al objeto que el hombre de una vez por todas sea capaz de vivir en paz consigo mismo y los demás.

Hay precedentes –acá irónicos– de “Alguien voló sobre el nido del cuco” y, por otro lado, la figura de Frank –el borrachuzo poeta encarnado por Chema Adeva– tiene muchas concomitancias con el valleinclanesco Don Latino de Hispalis protagonista de “Luces de bohemia”.

Andrés Lima rige con talento y real confusión los desaforados encuentros entre Carmelo Gómez y Jordi Aguilar que dejan constancia de buen hacer rompiendo esa línea sutil entre “interpretar” o “vivir” sus roles respectivos.

Les acompaña una discreta Rebeca Montero en su dualidad de “madre” fantasmal evocada y vecina encinta aceptando la plenitud amorosa. La conclusión teatral resulta afirmativa: en estos tiempos de vacilaciones y miedos hay que esperar contra toda esperanza… Un aplauso por la selección musical y versión al piano de Mikhail Studyonov.

Entre locos anda el juego...