NO HAY DINERO PARA MÁS

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La conselleira de Sanidade tiene razón cuando afirma que los pensionistas convierten los armarios de sus baños en auténticos almacenes de fármacos. Es cierto que con la jubilación le entra a todo el mundo una especie de sindróme de Diógenes sanitario, por el cual se hace necesario llenar de cajas de pastillas todos los rincones de sus casas.

Sin embargo, lo que ya no está tan claro es que el hecho de obligar a pagar ocho euros al mes a quienes disfrutan del gratis total en las medicinas vaya a modificar este hábito.

Es más, el propio reconocimiento de este comportamiento atesorador demuestra que otra de las joyas de la corona del Sergas, la receta electrónica, hace aguas.

Cuando se puso en marcha se afirmó que, además de evitar desplazamientos de los enfermos a los centros sanitarios (con el ahorro de consultas para los facultativos que esto supuso), serviría para racionalizar el consumo, puesto que se recetarían las dosis necesarias para el período de convalecencia.

Al final es que si aquello no funcionó no está nada claro que lo vaya a hacer este repago sanitario al que la situación de crisis obliga. Porque en el fondo de la decisión está la afirmación de Mariano Rajoy de que no hay dinero para seguir manteniendo los servicios. Y, a partir de ahí, es necesario tomar las decisiones que ayuden a que el daño a eso que llaman Estado del Bienestar sea lo más pequeño posible.

 

NO HAY DINERO PARA MÁS