EL PARTIDO SOCIALISTA NO OLVIDA
Tres páginas, tres, dedicaba el pasado lunes el diario amigo a Felipe González. A decir de la entrevistadora, el expresidente del Gobierno estaba preocupado por la situación y furioso con la manera en que se están desarrollando las cosas en Europa respecto a España. Por supuesto, criticaba al Gobierno por –a su juicio– no haber sabido negociar seriamente el acceso a una financiación razonable. Salidas o alternativas concretas ofrecía pocas, por no decir ninguna, salvo ese “gran consenso nacional para acordar lo que hay que hacer”.
Lo que, por supuesto, tampoco se plantea González en la extensa entrevista es una indispensable cuestión previa: si su partido estaría dispuesto a llegar de verdad a ese gran acuerdo o consenso que, a decir del expresidente, es más necesario que los célebres Pactos de la Moncloa, de 1977. Y aquí es donde las cosas no están nada claras.
Es de recordar en primer lugar que al líder de la oposición, señor Pérez Rubalcaba, no le gusta nada ni que se sepa que habla con Mariano Rajoy, como sucedió con aquel encuentro de abril desvelado por éste en el Congreso. Y no le gusta porque tales contactos no están bien vistos en el seno del partido, donde él no controla todo lo que quisiera.
Esta falta de autoridad lleva al secretario general socialista a continuas contradicciones. Sucedió con el asunto Bankia y ha vuelto a acontecer en el debate sobre los últimos recortes: discurso inicial de terciopelo y golpes duros después en la primera ocasión que se presenta, forzado por los disidentes internos.
Por otra parte, tengo para mí que el Partido Socialista está muy especialmente empeñado en devolver al PP el acoso a que éste le sometió en el año y medio último de Rodríguez Zapatero. Quiero pensar que el socialismo tiene muy presente aquella falta de apoyo en el debate que siguió al primer gran recorte de mayo de 2010 y que el Gobierno de entonces salvó por un solo voto.
Si ya al PSOE lo que habitualmente le pide el cuerpo es no dar tregua a la derecha, ni en las instituciones ni en la calle, es de suponer que recuerdos tan cercanos no le incitan precisamente a intentar otra cosa. El reciente “nunca tantos sufrieron tanto por las torpezas de unos pocos” en boca de Pérez Rubalcaba sonó a réplica manifiesta del “nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo” que ante los destrozos de Rodríguez Zapatero profirió en su momento el expresidente José María Aznar.
Con este panorama, lógico es que a Rajoy le cueste un mundo llamar a Rubalcaba, del que no se fía, si no es estrictamente necesario.
