Europa toca a rebato

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Europa limita al norte con el Brexit, al sur con Salvini, al este con Putin, y al oeste con Trump. A nadie se le escapa, pues, que con semejante ubicación en el actual mapa geo-político, la Unión Europea corre peligro, y quien dice la UE, dice la OTAN, que, financiación aparte, ya no sabe quién es amigo o enemigo, sobre todo desde que dos de sus flancos, Turquía y EE.UU., tontean o confraternizan con el único enemigo que sí se sabe que lo es, Rusia.
Merkel y Macron se han sentido solos no en su percepción del caos en que se sumiría la Europa de los 28 a poco que se cierre la tenaza en torno a ella, sino en la necesidad de hacer algo para salvarla, siquiera ganar tiempo a ver si escampa. Por desgracia, las peores amenazas de Europa y de cuanto significa sobre en lo tocante a la libertad y al respeto a los Derechos Humanos, no acechan extramuros, sino desde su propio y heteróclito seno.
Esa quinta columna de la UE, la de los totalitarismos que se han dado en llamar populismo y nacionalismo, trabaja, como buena quinta columna, para el enemigo, encarnado en las doctrinas del miedo, la desafección democrática y el odio que contravienen de raíz los principios que Europa tuvo que buscar entre los escombros de la II Guerra Mundial para reconstruirse. Merkel y Macron son quienes pretenden neutralizar ese nido de saboteadores y de espías, pero como conservadores, y por la juventud del uno y la fatiga pre-jubilatoria de la otra, no saben bien qué fuerzas pueden oponerse a la debacle, y se limitan a tocar a rebato.
Dentro del mapa de la UE, no sólo en sus límites y en la vecindad, emergen una cantidad de “brexits”, Salvinis, Pútines y Trumps suficientes para cargarse el invento de Europa como isla de libertad y de derecho en el turbulento mar del mundo. El llamado eje franco-alemán suena a poco, a muy insuficiente, para liderar la resistencia, y menos teniendo en cuenta que el futuro político de ambos se presenta incierto en sus respectivos países. A sus propuestas, un ejército europeo, solo europeo, un presupuesto único, un ajuste de velocidades, les falta la esencial, la de que la población europea asuma y ame ese esperanto, ese sueño de una Europa libre, fuerte y unida, lo suficiente para defenderla.

Europa toca a rebato