Un cara a cara y todos de vuelta para casa

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LOS podemitas, tan mediáticos ellos, con tanto control de la comunicación que demuestran a diario, bien podían haberse ahorrado el espectáculo de Vistalegre II. Para poco o nada sirven los debates, las ponencias y demás parafernalia al más puro estilo de los partidos de la casta. En realidad, lo único que importa de este encuentro en el que los asistentes gritan “unidad” cuando saben que, en el fondo, la formación saldrá partida en dos del pabellón madrileño es saber quién será el macho alfa de los morados para los próximos años. Por ello, lo más lógico es que nos hubieran servido un espectáculo más digerible. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón cara a cara en un cuadrilátero y, tras un intercambio de golpes (por supuesto verbales), que los jueces (es decir, los simpatizantes) determinaran el ganador del combate. Un ahorro de esfuerzos y de tiempo que seguro que todos hubieran agradecido.

Un cara a cara y todos de vuelta para casa