Cosas de la vida

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Un padre de familia lleva, unos meses, comiendo todos los días bocadillos de salchichas. No tiene trabajo, es un parado de larga duración, es relativamente joven y sin prestaciones. Me comenta que prefiere pasar hambre y que sus hijos, menores de edad, y su esposa puedan comer tres veces al día. El problema surge cuando tiene que acudir al servicio de urgencias médicas y le dicen que está a punto de sufrir un infarto de miocardio, por la mala alimentación. A otro padre de familia se le terminaron los 426 euros de la Renta Activa de Reinsercción (RAI).
Le comentan en la “oficina de desempleo”, que tiene que esperar unos once meses y estar inscrito como demandante de empleo y luego volver a solicitar dicha prestación. Me comenta que puede hacer y lo único que le puedo aconsejar es que solicite el Risga, al objeto de que le puedan garantizar los recursos económicos mínimos para su subsistencia. El problema es que tendrá que espera unos cuatro o cinco meses, con suerte, antes de que se lo resuelva la Xunta de Galicia.  A otro señor, le “obligan” a que realice una búsqueda activa de empleo. Me comento que necesita elaborar un “curriculum vitae” para presentarlo, en al menos tres empresas. No tiene estudios primarios, ni sabe leer ni escribir. Actualmente continúa percibiendo el Risga. En este caso habría que impartirle formación para facilitarle un mejor acceso al mercado laboral. Estas tres personas acudieron, el mismo día, en busca de ayuda para alimentos, por problemas hipotecarios y laborales. Viven y residen en  la Comarca del Barbanza, no son del Sáhara, ni de Senegal, ni de alguna perdida tribu de la selva del Amazonas.

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