EL FÚTBOL Y EL TRISTE EJERCICIO DE LA HOSTELERÍA

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Si hablar del Madrid y Barcelona es complicado, lo de los hosteleros (no todos) tiene tela. Dicen que el fútbol une (no sé dónde) pero la realidad es bien distinta. Quiero hablarles de dos profesionales en el sector de la hostelería. Uno de ellos ya no ejerce. Y el otro sigue en activo, aunque su sufrimiento es doble. Primero, por su palpable falta de sensibilidad. Y en segundo lugar, la culpa hay que achacársela al Barça.

Todo esto tiene una sorprendente explicación. En el primero de los casos, él se lo ha buscado. Así de fuerte. Su pasión, el fútbol. Bueno… el Madrid. Y esa vehemencia le ha llevado al fracaso. Sus disputas con la clientela eran constantes. Y todo a pesar de su paciencia, amabilidad e incluso del asesoramiento que recibía. Siempre se le había aconsejado que debía separar el fútbol del negocio. Esa comunión estaba destinada al fracaso. Y así fue. Atrás quedaban años de sacrificio, un matrimonio roto, con hijos y, sobre todo, un negocio que entre él y su esposa habían levantado con ilusión. Pero el fútbol, su Madrid y su propia ignorancia acabaron con su sueño. No es fácil entenderlo, pero ha sido así.

Con el otro fenómeno, de no remediarse, el futuro se vislumbra muy oscuro. Aquí es el Barça el que rompe los esquemas. Este establecimiento tiene su encanto, es verdad. Pero no se puede hablar mal del Barcelona. Como lo hagas, estás fichado.

Algo ha ocurrido ahí, porque la clientela está huyendo como de la peste. No comprendo cómo se puede llegar a esta situación tan surrealista. Los clientes, en cuanto humanos como quien los atiende, tienen deseos, buscan satisfacción, también tienen sentimientos y saben a qué tienen derecho. A veces, lo que a un cliente, insisto, lo desalienta no son los precios, sino la actitud, la apatía, la indiferencia y la mala voluntad inocultable con que se les atiende.

Con la que está cayendo y que no seas capaz de ver más allá de dos palmos… Y lo más canallesco es que cuando el Madrid juega, esta alhaja de personaje tiene, casi siempre, dos alternativas que lleva hasta sus últimas consecuencias. Pásmense. O cierra ese día o mantiene pagadas las televisiones. No sé de qué modo se puede calificar esta rabieta. Y claro, la culpa de la crisis la tiene el Gobierno. Qué triste.

EL FÚTBOL Y EL TRISTE EJERCICIO DE LA HOSTELERÍA