EL RETROVISOR
SSi no fuera esperpéntico, cínico y patético, tendría su gracia pero ahora maldita gracia que hace al personal cada declaración, cada discurso, cada justificación del Gobierno y el partido que lo sustenta, pues en vez de dirigirse –con suma atención a lo que tiene delante– conduce al país con la mirada puesta en el retrovisor.
Así, con la muletilla de la herencia y la coartada del pasado, van de circulando –atropellando a los ciudadanos– sin pisar el freno o, situarse bien en la carretera para no caer al precipicio.
El penúltimo ejemplo lo tenemos en la vicepresidenta, que para justificar el tijeretazo, el recorte a los sectores más sensibles, echó mano del pasado como gran justificación de sus errores del presente: ustedes también lo hicieron (el recorte, la amnistía, el dinero a la banca, etc. etc.) y punto.
Y el personal se pregunta: ¿Entonces, siguen ustedes la política de González, de Zapatero? Y, continúa interrogando: ¿Por qué demonios, antes, le ponían pegas?
Lo que pasa es que todo esto tiene trampa: el PP, antes AP, antes..., bueno, de antes mejor no acordarse, decía que no a las medidas que se proponían desde la izquierda y apoyaba, con entusiasmo, las que parecían hechas desde la derecha… Más divertido: ahora a Feijóo, Negreira y a la conselleira de Facenda ¡no les gusta lo que hace Mariano!
Con el retrovisor puesto está también el exembajador del (o en, no lo sé bien) Vaticano que anda descorazonado desde que vino de Roma… y anda cabreado el presidente de la Diputación, que pide “a los que no se atrevan, a que dejen la política…”, que debe ser un mensaje a su gran jefe que reconoce que solo hace lo que le manda Merkel, los mercados y sus representantes en la tierra, sin olvidar a los representantes del cielo.
Y es que Rajoy, señoras y señores, hace lo que le dicen y como Dios manda. Sin querer entrar en discusiones sobre el mandato divino y la política marianista, creo que hasta Jesús, si hizo lo que hizo en el templo látigo en mano, estaría de acuerdo con el vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que acusa a las “pequeñas oligarquías del capital financiero de decidir quién va a morir de hambre y quién no” y, por tanto, –acaba– “deben ser juzgados y condenados”.
Es la forma de ver el presente y otear el futuro.
