Final de legislatura

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El lunes, cuando un locutor daba la noticia del final de legislatura un ciudadano comentó “deixa ir” y explicó que su lacónico comentario se debía a que lo más sobresaliente de los últimos cuatro años fueron, además de los recortes y ajustes, las relaciones de Gobierno y oposición, que fueron tan broncas y tensas como poco productivas para el país. 
Un buen ejemplo del clima crispado predominante fue la sesión de control al Gobierno del miércoles pasado en la que los portavoces de la oposición vertieron expresiones gruesas contra la gestión –y la persona– del presidente del Gobierno, que también respondió con dureza y en algún caso hasta de forma poco considerada. 
Si se computa la crispación, el balance de la legislatura no es para echar cohetes, aunque todos estén encantados de conocerse. En lo demás, es normal que el presidente saque pecho por los resultados de la gestión económica que consiguió salvar la “bola de partido” del rescate y situar al país en la senda del crecimiento y generación de empleo. Son las fortalezas que no ocultan grandes debilidades, entre otras, el injusto reparto de sacrificios que creó enormes desigualdades y, contra lo que dijo el presidente, el hecho de que muchos ciudadanos se quedaron en el camino. 
También es normal la satisfacción de la oposición, que cumplió con su papel de fiscalizar al Gobierno castigando sus flancos débiles. Pero su gran debilidad está en que no se mostrara como alternativa con propuestas económicas rigurosas para mejorar la acción del ejecutivo.  
En el debe del Gobierno y de la oposición hay que anotar que en la legislatura hayan tenido poco sentido de Estado para sentarse, hablar y ceder generosamente por el bien del país. “No concibo un gobierno y una oposición incapaces de encontrar el camino juntos para hacer frente a un enemigo común…, no se pueden descalificar y rechazar todas las ideas del adversario, algunas son aprovechables”, decía el exconselleiro Vázquez Portomeñe. Lo dicho por este veterano político vale para ambos, el Gobierno y la oposición, a los que no se les pide que se besen, pero si buscaran sinergias nos hubiera ido mejor que con el mal rollo que mantuvieron.  
Ahora entramos en un tiempo nuevo con más actores que traen nuevas ideas y proyectos que toca analizar, comparar y decidir en unas elecciones tan impredecibles como decisivas. El primer paso de ese análisis es ser conscientes de la fuerza de nuestros votos para marcar el futuro del país.

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