Casillas quería una fiesta que no llegó

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IKER Casillas, aquel portero del Madrid del que se aseguraba que era un espía en el vestuario y después se descubrió que era un topo, porque con frecuencia ni veía los balones que iban hacia su portería, desarrolló una larga carrera vestido de blanco, pese a esos problemas oftalmológicos. Después llegó la prejubilación en Oporto y ahora no se sabe qué puede ser de su futuro. Ni el suyo, ni el de su mujer, Sara Carbonero, con la que para intercambiar una mirada hay que protegerse con una careta de soldador. En cambio, hay certeza de que está celoso, pues siente envidia de la despedida de Iniesta y Torres. Florentino nunca tuvo fama de festeiro. FOTO: iker casillas | aec

Casillas quería una fiesta que no llegó