Los genes de Caballero

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CUANDO la genética era un ciencia prácticamente subdesarrollada, a Mendel le dio por enunciar la teoría de los guisantes lisos y los guisantes rugosos y lo clavó.  Ahora, a pesar de que ya se ha secuenciado el 99% del genoma humano, las leyes del monje y naturalista austríaco siguen plenamente vigentes. Solo hay que fijarse en la caballeresca dinastía viguesa: el todopoderoso Caballero, don Abel, y su sobrinísimo Gonzalo son cuspidiños. Si tuviesen escudo de armas –como se lo propongan los tendrán– su lema iría por el camino del ordeno y mando. El alcalde lleva años y años siguiendo esa pauta de conducta y el Caballero de segunda generación –¿habría que llamarle Caballerete?– ya ha hecho de ella el dogma de la franquicia enxebre del PSOE. Convocó unas primarias exprés para elegir al candidato a la Xunta –por cierto, él es el único aspirante– y ya ha avisado de que el resultado será inamovible. Vamos que aunque el PSdeG se estrelle en las municipales, al sobrinísimo no lo descabalga nadie. A dos años de las autonómicas, ya tiene escaño en el Parlamento. ¡Qué crack! 

Los genes de Caballero