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Los hoteleros se sienten como el equipo al que en un gol encajado en el descuento le priva de la victoria, pues tras un largo período de sol ha llegado la lluvia justo cuando menos convenía, en plena Semana Santa, y ha provocado una cascada de cancelaciones. Sus esperanzas de que, al fin, se abriese un paréntesis en la mala etapa que se prolonga desde el inicio de la crisis se han esfumado, pese a que tomaron decisiones que incentivan el turismo, como bajar las tarifas. El mal tiempo ha pesado más que cualquier estrategia empresarial, por lo que convendría empezar a preparar ya la campaña veraniega en colaboración con el Ayuntamiento.

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