París nos duele más

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Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra. Esta frase, que hemos oído repetida hasta la saciedad en las películas, se aplica a los detenidos pero quizá debería incluirse como aviso en las redes sociales. Opinar en Facebook o Twitter empieza a ser una profesión de riesgo y, en ocasiones, por los motivos más peregrinos. Con los atentados de París del pasado viernes, muchas personas se solidarizaron con las víctimas y con todos los franceses. Hasta ahí, todo correcto. El problema es que, al ver los gestos de apoyo, muchos comentaban que estaba muy bien preocuparse por Francia pero que nadie hacía lo mismo con Siria. 
Al margen de que siempre tiene que haber alguien que juegue el papel de trol, a nadie debería avergonzarle el hecho de que sienta más cercano el dolor de los franceses que el de los sirios. No es que haya muertos de primera, ni que a quien horroriza más el atentado de París que el del Líbano sea insensible o adelante a Le Pen por la derecha. Se trata de que es mucho más fácil identificarse con los europeos que con los sirios, más lejanos en costumbres y en el mapa. Es humano porque, quien más y quien menos, tiene una foto junto a la torre Eiffel y pocos en la mezquita de los Omeyas en Damasco. Nos duele más una desgracia en Lalín que en Madrid.   
Cuando pasa algo en la otra punta del planeta, los medios entrevistan a gallegos que viven allí para que podamos entender la tragedia con unos ojos como los nuestros. El problema es que ya no tenemos nuestros ojos allí. Es más fácil mandar a estrellas mediáticas, algunos incluso periodistas, a París que tener allí a corresponsales que nos cuenten el día a día. Tenerlos en Damasco es ya una quimera. Si Siria estaba lejos antes, desde que los medios occidentales carecen de periodistas sobre el terreno, lo está mucho más.
 La crisis apenas permite mantener las redacciones enteras en Madrid como para afrontar el gasto que supone disponer de alguien en un país en guerra. Después de la muerte de José Couso y otros compañeros, además de varios secuestros, ¿qué empresa paga el seguro y asume el riesgo? No podemos identificarnos con las desgracias que no vemos y necesitamos a los periodistas, esos profesionales tan denostados y tan inútiles, para que nos pongan la gafas de ver de cerca. 

París nos duele más