PAROLE, PAROLE, PAROLE

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Con la expresión que da título a esta columna resumía la número uno de Podemos en Andalucía el discurso de Susana Díaz en el debate de investidura a la presidencia de la Junta. Después de escuchar el generoso reparto de chuches y promesas de la candidata para captar el voto de la oposición, la líder de Podemos sentenció: “somos nuevos, pero no somos tontos”.
Traigo esto a colación porque, cinco días después del comienzo de la campaña electoral, partidos y candidatos están montando una especie de tómbola en la que también se regala de todo y se hacen promesas inverosímiles sin “memoria económica” que las  sustente, solo con el objetivo de captar el voto de los indecisos y alcanzar todo el poder o, al menos, cuotas importantes del mismo para determinar el signo de las corporaciones.
Pero tampoco hay que flagelarse, porque el comportamiento de los candidatos de aquí concuerda con el de los de otros países de épocas anteriores y de ahora. En el siglo XIX el político prusiano Otto von Bismarck decía que nunca se miente tanto como antes de unas elecciones, después de una cacería y en una guerra, y la semana pasada el periodista y escritor John Carlin, que siguió el proceso electoral en el Reino Unido, señalaba que “la campaña electoral contiene mucha farsa, los políticos participan en un gran engaño al presentarse al electorado como dueños únicos de soluciones milagrosas que resolverán todos los problemas del país”.
La clave está en que los ciudadanos seamos conscientes de que los políticos en campaña electoral “mienten con toda sinceridad”, decía Umbral, como conscientes fueron los del Reino Unido. Algunas recetas económicas, la demonización que todos hacen de los rivales, las promesas de una vida mejor si les votas o la amenaza de que votando a otros el país se irá a la ruina, parafraseando a Carlin, entran por un oído del votante medio y salen por el otro. Deberían saber que ahora a los electores no se les conquista con promesas mágicas sacadas de la chistera, porque ni somos nuevos en estas lides, ni somos tontos.
Por eso, más allá de ideologías y de posiciones de izquierda y derecha, conviene estar atentos para no ser engañados con “parole, parole” por partidos y candidatos que “por un voto matan”, dicho metafóricamente. En política, como en la vida, abundan los embaucadores y para no caer en sus engaños “vote con olfato, nunca falla”. Es un sabio consejo del humorista El Roto.

PAROLE, PAROLE, PAROLE