Países en retirada

No hace mucho, un conocido político ferrolano argumentaba en el marco de una tertulia en torno a los espacios geopolíticos y su incidencia en la situación mundial, versadamente la económica, que es casi lo único que nos afecta, o al menos de lo más estamos pendientes. Le maticé que lo de geopolítico estaba un tanto superado y que ahora lo que se aborda es lo geoeconómico.

Y es que, pese a la permanencia de un llamado Tercer Mundo, lo cierto es que muchos países que tradicionalmente se veían incluidos en esta nominación han dejado de estarlo. Incluso aquellos por los que poco se apostaba. Ahí está si no el caso de China, segunda economía mundial con fuerza y ganas sobradas para convertirse en la primera en poco menos de un decenio. Lo decían, o lo advertían Dominique Lapierre y Larry Collins hace ya la intemerata de seis o siete lustros en “Cuando China despierte”.

Si hay una cosa que Occidente no soporte es que Oriente le supere, pese a la constatación, como tampoco considerar que África se levante. Viene la cosa al caso por la más que probable realidad de que la Radio Televisión Portuguesa, que el Gobierno luso de Pedro Passos Coelho saca a subasta, acaba en manos de un grupo angoleño, excolonia –para más enjundia– hasta hace cuatro décadas de la metrópoli lisboeta. Un país que se vende, es decir, que privatiza el medio público de información más potente –y que se supone plural– parece un país en retirada y vencido, no por las armas –espacio geopolítico– sino por el dinero –geoeconómico–, pero la realidad invita a pensar de forma objetiva que los nuevos territorios sobre los que Occidente puede mirar, ya que no con ansias de colonialismo sí al menos de colaboración, se encuentran precisamente entre los que antes esquilmaba.

Las tornas, en el común de los lenguajes, parecen cambiar, aunque no en términos totales, que para eso están las guerras, para arreglar más de una economía; primero destruye y después reconstruye. Los actores intermedios, es decir las personas, son superfluos o anecdóticos. Pero es sin duda lo económico lo que impera, si es que no lo hizo siempre, aunque los daños colaterales, esta vez sin sangre, pero en forma de pobreza o distancia social, invitan a la agonía.

Ahí está, por ejemplo, y que me perdonen, Alemania. Lo que no pudo en dos guerras mundiales, parece estar consiguiéndolo con esta nueva batalla –¿la tercera?– tan neutra, tan incruenta, salvo excepciones por todos conocidas, pero en que las víctimas se cuentan por millones. El dinero es, al fin y al cabo, la influencia.

Países en retirada

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