PEQUEÑAS CERTEZAS

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En el Rosalía, ciclo principal, dos funciones con muy buenas asistencias, la compañía Sarabela Teatro estrenó una obra original, iconoclasta y sorpresiva de la laureada escritora mexicana Bárbara Colio “Pequenas certezas”, servida en la traducción fluida, carismática, gallego de verdad, firmada por Nate Borrajo, también actriz de reparto. La convincente dirección corresponde a Ánxeles Cuña Bóveda –dinámica, sencilla, disciplinar– con escenografía a base de paneles movibles y traslúcidos. Proyecciones. Discreta iluminación, vestuario, espacio sonoro y vídeo.
Historia de cruzamientos, suspense y humor negro. O reminiscencias de Darwin y su adaptación al medio y lucha por la existencia, así cuando perdemos algo físico o se nos arranca un trozo del alma. “O que fai que por fóra un poida seguir camiñando por aí sen que ninguén note o deterioro”, como explica Olga, interpretada por una dúctil Fina Calleja. Buscar tres pies al gato... sabiendo que alguna ocasión hemos sido felices. O esas sombras y luces que corren tras la desaparición de Mario, dejando embarazada a su novia Natalia –felizmente encarnada por Nate Borrajo– que, acompañada de su absorbente e imperativa madre –rol de progenitora que nunca ve crecer a sus polluelos– a cargo de Elena Seijo, marchan al hogar ajeno enfrentándose con los hermanos Xoán –recortado y sobrio Fernando Dacosta– y Sofía –dulce, comprensiva y femenina– incorporada por Sabela Gago. Un protagonista, como la famosa Rebeca, que nunca se ve y sobre quien todos tienen perspectivas diferentes: vividor, sinvergüenza, facineroso. Identificado su cadáver por una persona que jamás lo ha visto.
Al final, abren el ataúd con sus restos y lo encuentran lleno de billetes de curso legal que reparten equitativamente y les permiten cumplir sus sueños: cancelar la hipoteca, vender la casa, viajar, renacer sus vidas... esas pequeñas certezas individuales de que cuanto ha sucedido no ha sido un sueño.

PEQUEÑAS CERTEZAS