DEMAGOGIA Y LEY

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En principio, no tienen porqué ser incompatibles la demagogia y la legalidad. No obstante, la historia nos ofrece ejemplos de movimientos violentos y revolucionarios, precedidos de fuertes corrientes demagógicas, que encendieron los ánimos y desbordaron los cauces de la legalidad. La demagogia apela al sentimiento más que a la razón; suele moverse en el ámbito de lo utópico e ilusorio; moviliza las emociones y ofrece metas de difícil alcance, pero que provocan entusiastas adhesiones.
El Mayo francés de 1968 es un buen ejemplo de lo que venimos exponiendo. Este acontecimiento se produjo por la confluencia de dos grandes retos demagógicos: “la imaginación al poder” y “prohibido prohibir”. Encendida la llama, pronto se extendió el fuego y dejó el terreno preparado para nuevas siembras. Fue un revulsivo social y una incitación al replanteamiento de nuevas reformas y soluciones.
La demagogia, salvo en sus desenlaces violentos, no tiene por sí misma que provocar ilegalidad; antes al contrario, intenta satisfacer las aspiraciones y reivindicaciones que la sociedad demanda y plantea. Sus postulados, ciertamente ambiciosos y, a veces, de dudosa viabilidad, no deben desencadenar situaciones revolucionarias o de enfrentamiento; pero sí mover a reflexión y corrección de errores o abusos cometidos. Las corrientes ideológicas igualitarias y de marcado signo social son claro ejemplo de la atracción que ejercen las consignas demagógicas sobre la sociedad.
Como muestra de la sensibilidad y concienciación social que se encierra en muchas expresiones demagógicas podemos citar las conocidas como “que la crisis la paguen los ricos” o “sacárselo a los ricos para dárselo a los pobres”. En ellas, y en otras semejantes, la opinión pública expresa un deseo, un ansia de justicia social y también una crítica y denuncia a las indeseables desigualdades sociales. Ninguna de esas expresiones y anhelos inciden en infracción legal.
La reciente crisis del gobierno de coalición en Andalucía PSOE-IU, nos ofrece un ejemplo de la posible colisión demagogia-legalidad. Dicha crisis obedeció a la decisión demagógica de la consejera de IU Elena Cortés de saltarse el turno de personas desfavorecidas que estaban en espera de adjudicación de viviendas protegidas de titularidad pública y que sólo en Sevilla alcanzaba a más de 12.000 personas, para realojar a “okupas” afines a su partido y que habían sido desalojadas judicialmente de las viviendas que ocupaban ilegalmente. Ante ese hecho, la presidenta andaluza, Susana Díaz, recriminó a la consejera, recordándole que se debe “gobernar dentro de la ley” y que “su gobierno levanta la bandera de la igualdad y lo hace en el marco de la legalidad”. Pese a ello, y ante el riesgo de que se rompiera la coalición, la crisis se resolvió, manteniendo el poder, es decir, prevaleciendo la demagogia y el favoritismo sobre la legalidad y la justicia.

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