El dopaje llega por lo legal al ciclismo

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FLOYD Landis ganó un Tour, el de 2007, pero la organización lo desposeyó del triunfo, pues le daba más rápido que nadie a los pedales por los chutes de testosterona que se metía. A partir de entonces se le abrió la boca y desenmascaró a Armstrong, que no había ganado una sino seis Vueltas a Francia, en todos los casos gracias a la EPO, la testosterona y las transfusiones de sangre. A Landis le pagaron un dineral por ser un chivato y montó una empresa de venta de cannabis con fines terapéuticos. Ahora vuelve al ciclismo con su propio equipo. Lo raro sería que lo patrocinase una clínica de desintoxicación. FOTO: landis, cuando aún no se sabía que se dopaba | aec

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