Posada, sin posada

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Osin “acougo”, que diríamos en Galicia. El presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, no tiene dónde caerse muerto, políticamente hablando. El día de la chapuza en el Congreso –donde ni Noé habría podido encauzar el aplaudido diluvio–, a Posada no le llegaba la camisa al cuerpo. Esbozó cantinflescas disculpas y hasta empleó mal la palabra meteorología, que, -como muchos saben-  significa “elevado en el aire y sus dos términos componentes vienen del griego clásico: Metá y orao. Pero para Posada, naranjas de la china. Venga a decir “meterología” y a ciscarse en los cuatro millones y medio de euros que pagamos entre todos los españoles por el “contubernio arquitectónico-chapucero” del Congreso. Se dice –en Madrid lo afirma todo el mundo– que Rajoy designó a Posada por ser un auténtico maestro en el arte de la parálisis política. Su meta: no hacer nada –si acaso, bloquear las iniciativas de la oposición- y lograr matrícula de honor en este cometido.
Dicen los periodistas enraizados en Madrid que Posada –en dos años de mandato– no ha tomado una sola iniciativa, no ha hecho una sola manifestación de peso o impacto en defensa de los valores constitucionales. Por no hacer, no ha hecho ni el obligado ademán de vigilar las obras de la casa que dice regir, léase Palacio del Congreso. La empresa elegida para la chapuza hizo una cosa bien: tapar la huella –que era histórica– de los balazos del 23-F. Aquel testimonio inmóvil de la valentía de Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, que habían mantenido el tipo valientemente en tan triste fecha histórica, ha pasado al mundo de la nada por imperativo de la escayola y en virtud de la eficiencia, la pericia, la ardua vigilancia de Jesús Posada, brillante espécimen pepero que, por su estolidez e inmovilidad, merecería ocupar un puesto de honor junto a las estatuas que adornan el Palacio de Congresos.
Y me pregunto: ¿pensará Rajoy premiar al bueno de Posada por su contrastada eficiencia, capacidad de actuación y buen servicio ante los españoles?

Posada, sin posada